Es difícil en nuestro país ponerte fin a la pobreza cuando el sistema atenta contra la dignidad de las personas en extrema necesidad. Hoy en día no sólo en el interior o zona rural se encuentra personas que viven en la miseria, sólo basta con salir de tu casa, y ponerse a observar el panorama que nos presenta Paraguay y su indigencia.En América Latina, desafortunadamente, 1 de cada 5 personas viven con menos de 2 dólares al día y 1 de cada 10 es indigente, en Paraguay la realidad es otra, hoy día hay familias enteras con 5 o más integrantes, que subsisten con menos de 1 dólar al día. Nuestro territorio, cuenta actualmente con más de 6 millones de habitantes, de los cuales el 40 % se encuentra en pobreza, constituyendo esta, una situación que representa una de las principales amenazas de la unión social del país. En el mes de agosto del 2010 según informes de los sectores de agricultura, ganadería y la construcción, lograron superar ampliamente en ingreso que se obtuvo en todo el 2009. Grandes cifras y avances por partes de los sectores que no se ve reflejada en la realidad.
Un pueblo que cada vez tiene más pobres e indigentes por las calles, indígenas pidiendo limosnas en los semáforos para poder comprar un plato de comida, o niños que se suben colectivos, o limpian vidrios en las esquinas, en fin no falta trabajo denigrante para esas criaturas que deberían estar en sus casas estudiando. Pero estos, tienen que aprender a vivir en su cruda realidad, comiendo de los restos de la basura, en una calle en donde predomina, la violencia, la droga, la inseguridad, etc.
Es tan difícil comprender que teniendo, recursos tan grandes como la energía este país, tengamos que estar entre los más pobres de América Latina. La desigualdad es uno de los principales obstáculos que tiene la población para combatir con la pobreza, no es posible obtener logros significativos de lucha contra la pobreza mientras siga existiendo tantas desigualdades.
Es duro ponerse en lugar de estas personas y pensar en llevar una vida así, con padres y niños mezclándose entre el hambre, la desnutrición y la desidia de un pueblo alrededor. Este es un mundo, en donde algunos circulan en autos lujosos y casas majestuosas; y para otros la cruda realidad de la calle, el calor el frío y la soledad. La alimentación adecuada es el primer nivel de la dignidad y del derecho a la vida que tiene todo ser humano. Es difícil escuchar a un padre decir que anhelan que sus hijos no pasen por la misma suerte, con las que ellos contaron, deseando que ellos si tengan un futuro mejor, con salud, educación, trabajo, y pan para llevar en la boca


